La sepultura incierta

de la concordia del alma,

tras osadía y odisea,

se levantará en cólera divina

bajo el cielo gris en recipiente

que augura la angustia.

El río cobrará su cauce,

y el ardor de la pérfida mordida

será el instrumento de guerra

que inspirará al espíritu fatigado

más allá del umbral de la autonomía.